La imposible aventura de los grupos de madres de WhatsApp

Patricia Tablado (@Patchgirl) se define como periodista, bloguera y amansadora de fieras. Es la cabeza pensante detrás del proyecto Community Madre y autora del libro ‘Responde primero a la segunda pregunta’.
Hoy colabora con nosotros aportando este artículo sobre los grupos de padres y madres de WhatsApp, el cual irá incluido en nuestro próximo eBook sobre la influencia de las tecnologías en la educación

 

Martes, ocho y media de la noche. Ya tienes a los niños bañados y estás a punto de darles la cena cuando de repente suena el móvil. Reconoces el timbre porque es el que has asignado al grupo de WhatsApp del colegio y, entre croqueta y croqueta, te acercas a mirar por si hubiera algún mensaje urgente.

Madre de Elena: Hola, chicas, ¿alguna tiene el baby de Elena en su mochila? Hoy ha venido sin él.

Madre de Lucas: En mi mochila no está.

Madre de Íñigo: No lo veo en mi mochila.

Madre de Reme: Aquí tampoco está.

Padre de Juan: No lo veo pero lo re-comprobaré.

Madre de Clara: Yo tampoco lo tengo.

Madre de Adrián: Ni yo.

Madre de Julia: Yo tampoco lo encuentro.

Madre de Jon: Mañana lo compruebo.

Los que sois padres sabéis que no exagero cuando os digo que esta conversación se puede extender hasta bien avanzada la hora en la que los niños se acuestan, a través de incontables madres y padres que explican a la mamá de Elena que ellos no tienen la bata de su hija. Es posible que el proceso se acortara si solo respondiera el progenitor que tenga el baby en su poder pero creo que este tipo de grupos genera interacciones que tienden a extenderse hasta el infinito.

A lo mejor estas cadenas de negaciones se sucedan porque los padres de mi generación, que crecimos en los ochenta, no tenemos interiorizado una manera de actuar que debemos seguir en estas situaciones. Aunque también me planteo que a mis compañeros de grupo les guste escuchar el pitido del teléfono y por eso den pie a este tipo de conversaciones banales que parecen no tener fin.

Junto con las pérdidas de elementos del colegio, el segundo tema de conversación que levanta debates más apasionados son los deberes. Aunque mis hijos están aún en educación infantil, ya estamos empezando a padecer esos trabajos que nos mandan los profesores con toda su buena voluntad y acaban siendo un objeto más de competición para los padres. Por supuesto, la tragedia se desata con un (aparentemente) inofensivo mensaje al grupo de la clase.

Madre de Miguel: Hola, ¿la profesora hoy ha pedido un mapa o un diagrama de barras con los lugares donde se cultivan las leguminosas?

Madre de Arancha: Creo que era un diagrama de barras pero no sobre leguminosas, era sobre fábricas de galletas.

Padre de Rubén: Yo no me he enterado de nada. ¿Para cuándo es?

Madre de Jorge: Yo no tengo el baby.

Madre de Alejo: Era un diagrama de barras. Lo apunto en la agenda y mañana os cuento lo que hay que hacer.

Madre de Anna: Sí, pero era sobre leguminosas, lo de la fábrica de galletas era un trabajo voluntario de la semana pasada.

De nuevo se desata la locuacidad de mis compañeros de grupo y sé que algunos padres no pueden esperar a que los retoños se despierten al día siguiente y ya comienzan su tarea antes de que sea más tarde, no sea que el pequeño suspenda selectividad por no decorar con algodón su muñeco de nieve navideño. Yo particularmente estoy esperando a que comiencen primaria y con ello se adopte un programa que sustituya el molesto grupo o al menos que lo haga más operativo.

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